Por,: Crystal Serrato Pontifice
Morelia, Michoacán.- “Me duele muchísimo ver que dos o tres generaciones le fallaron completamente a esta generación”. Con estas palabras y entre lágrimas, el cineasta mexicano Guillermo del Toro expresó su preocupación por el mundo que las generaciones adultas están dejando a los jóvenes, durante su visita este domingo al Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).
El director recibió la Medalla Filmoteca UNAM en el Teatro Melchor Ocampo, en el marco de la conmemoración por los 20 años de *El laberinto del fauno*, película que regresó a la pantalla con una función especial en su versión restaurada.
Sin embargo, el encuentro estuvo marcado por una reflexión que trascendió el cine. Al hablar sobre el presente social y el futuro de las nuevas generaciones, Del Toro reconoció el dolor que le provoca observar el deterioro del entorno moral, espiritual y social que heredarán los jóvenes.
“Se le entrega a la generación que viene un mundo en ruinas, moral, espiritual y socialmente”, expresó el cineasta, quien no pudo contener las lágrimas al profundizar en su reflexión.
El director también planteó que reconocer los errores de las generaciones anteriores es necesario y que una disculpa sincera, expresada con amor, puede abrir la puerta a una relación distinta con quienes hoy buscan construir su futuro.
El futuro pertenece a los jóvenes
Durante su clase magistral, a la que asistieron más de mil personas, en su mayoría jóvenes, Del Toro defendió la importancia de preservar el proceso creativo y cuestionó las prácticas que buscan sustituir el trabajo humano, particularmente frente al avance de la inteligencia artificial.
“El proceso es lo que tenemos que atesorar. Se están robando el pasado; ya se lo robaron. Se quieren robar el futuro y el futuro es de la gente joven”, señaló ante los asistentes.
El cineasta invitó a las nuevas generaciones a no renunciar a su identidad ni a su capacidad de crear, pensar y expresar aquello que las hace únicas. También defendió el valor de la autenticidad y de las expresiones artísticas que nacen de las experiencias humanas.
Para Del Toro, el cine no se limita a transmitir ideas: también permite comunicar emociones y conectar con otras personas desde la propia historia. Por ello, insistió en que la creación artística debe conservar aquello que la hace profundamente humana.
La empatía frente al odio y el pesimismo
En su encuentro con el público, el director de *La forma del agua*, *Pinocho* y *Frankenstein* también habló sobre la polarización, el crecimiento de los discursos de odio y la facilidad con la que el escepticismo puede imponerse sobre la solidaridad.
Frente a ese panorama, defendió la empatía, la unión y la esperanza como alternativas al cinismo.
Del Toro advirtió que la división social no debe asumirse como algo inevitable y llamó a mantener la capacidad de escuchar a quienes piensan distinto, así como la disposición de construir vínculos colectivos.
Sus palabras encontraron eco entre los asistentes, que escucharon sus reflexiones en una jornada en la que la celebración cinematográfica se convirtió también en un espacio para hablar de las preocupaciones del presente.
Dos décadas de *El laberinto del fauno*
La visita del cineasta a Morelia estuvo vinculada con el vigésimo aniversario de *El laberinto del fauno*, estrenada en 2006 y considerada una de las obras más representativas de su filmografía.
En el encuentro participaron también la productora Bertha Navarro, la actriz Ivana Baquero, el cinefotógrafo Guillermo Navarro y la directora del FICM, Daniela Michel, quienes recordaron distintos aspectos de la realización de la película y su vigencia.
Al recibir la Medalla Filmoteca UNAM, Del Toro reconoció la importancia de preservar el patrimonio cinematográfico mexicano y agradeció el trabajo de quienes rescatan y mantienen vivas las películas para las nuevas generaciones.
Así, la presencia del cineasta en el FICM reunió dos dimensiones de su trayectoria: la celebración de una obra que permanece vigente después de dos décadas y una reflexión personal sobre la responsabilidad de las generaciones adultas frente al futuro de los jóvenes.
Su mensaje fue claro: defender el arte, preservar la capacidad de crear y mantener viva la esperanza también son formas de resistir ante un mundo marcado por la incertidumbre.
